#SheBelievesCup: Sibilí, ahora o nunca?

Esta semana se disputa la quinta edición de la SheBelieves Cup en los EE UU y por primera vez en su historia la selección española de Jorge Vilda acompañará a las ya veteranas selecciones de Estados Unidos, Inglaterra y Japón en esta competición. Valga decir que, a pesar del bombo generado desde el campamento nacional, la SheBelievesCup, como el Torneo de Francia, la copa Algarve, el torneo de Pinatar o el de Turquía, es una competición amistosa entre selecciones (aunque pregúntenle a los tobillos de Alexia Putellas sobre la amicabilidad de la competición cuando vuelva a Barcelona).

Es cierto que, dentro de los amistosos que se juegan en este primer parón de 2020, la SheBelieves es quizás la competición con más pedigrí aparente (o al menos lo era hasta que Francia y Alemania le dieron portazo), dado el hecho de que se juega en Estados Unidos, donde el fútbol femenino tiene un mayor seguimiento, de que lo juegan selecciones en el top-10 mundial more or less (1, 6, 10 y 13), y de que esta es su quinta edición. Desde el punto de vista de marketing, este es el amistoso que vende más y que es posible que tenga más repercusión en el tema de público y telespectadores. Pero sigue siendo estrategia: el Tournoi de France lo juegan selecciones en los puestos 3, 4, 8 y 9 del ránking FIFA, así que comparativamente, el nivel de calidad se espera que sea muy similar.

España llega como la incógnita a esta edición. Como ya he dicho, anteriormente Francia y Alemania han acudido al torneo, pero ambas dijeron basta en 2018. A pesar de que las ligas francesa y alemana tienen menor carga de partidos que la española (ambas competiciones compuestas por 12 equipos, en contraste con los 16 de España), experiencias pasadas han hecho a ambas selecciones plantearse la idoneidad de cruzar el charco prácticamente dos días antes de los cruces de Champions. Todo esto, a pesar de que la D1 Arkema tiene un descanso invernal de una semana extra, y en ls Frauen-Bundesliga el parón liguero es de dos meses.

A pesar de todo esto, en Diciembre de 2019, Alemania y Francia oficiosamente anunciaron que se iban a otro lado. Ya en 2019 se habían borrado de la competición, pero su ausencia no fue menos dolorosa. Brasil, que participó en 2019, confirmó que se apuntaba a la aventura francesa, y Alemania anunciaba su esperado retorno a Algarve. Que España participaría era un poco un secreto a voces desde Diciembre, pero sólo se confirmó el 13 de enero de 2020, hace poco más de 50 días.

Cuando la participación se anunció, ya se sabía que habría Supercopa (deprisa y corriendo, pero se sabía), y los cruces de cuartos de la UWCL estaban ya determinados. La federación dijo “Ou yeah” sabiendo que FC Barcelona y Atlético de Madrid, los dos equipos que aportarían el mayor número de jugadoras, tienen un duelo muy interesante en Champions, y que es posible que lesiones o estados de forma (o jet lag) puedan influir en cómo se desarrollan esas eliminatorias.

Y a pesar de todo esto, tó p’alante. Personalmente, no me parece mal que España participe en la SheBelieves: es el siguiente paso en el desarrollo de donde tanto la selección como la Primera Iberdrola quieren verse. Tras un Mundial de muchas luces y sombras (se ganó apuradísimamente a Sudáfrica, se perdió con cierto honor ante Alemania y Estados Unidos, y se empató tristemente contra China), y un inicio de las fases clasificatorias para la Eurocopa en un grupo extraño, España se encuentra en el momento ideal para medirse a estas selecciones. Bueno, España, pero más concretamente el Barcelona, que ahora mismo está que se sale, que aspira a todo de una manera que no se ha visto en la sección femenina en muchísimo tiempo (o jamás) y que por suerte o por desgracia aporta nueve jugadoras titulares a la selección. La columna vertebral del Barcelona es la selección española más tres opciones de ataque a cual más demoledora (Graham Hansen, Oshoala, Martens – orden en el que los equipos se las encuentran en el campo).

Para España en este momento es importante tomarse la temperatura ante estas selecciones, visto que son equipos que no siempre van a cruzarse en el camino, sino es en competiciones intercontinentales como el Mundial. A Inglaterra se la puede invitar a un amistoso más fácilmente, pero el momento en el que llega este partido, con las jugadoras intentando hacer méritos para meterse en el equipo de Gran Bretaña que irá a los Juegos Olímpicos, no puede ser más idóneo. Con Japón y Estados Unidos ya es más complicado, logísticamente hablando, organizar una pachanga. Así que realmete es una ocasión única

El problema realmente es: es este el momento adecuado de hacerlo, con el calendario estando como está? A la aventura de jugar tres partidos en diez días en varias ciudades de América se le une que la semifinal de la Copa de la Reina es el 17 de Marzo, luego hay Primera Iberdrola ese fin de semana (el Barça visita Buñol y el Atlético va a Abegondo, que son las dos salidas más complicadas del año), y luego entre semana hay UEFA Women’s Champions League. El calendario es realmente un conjunto de despropósitos que tienen poco en cuenta lo que le viene de frente a las piernas de las jugadoras de la selección, sobre todo a las mencionadas culés y colchoneras. Este parón de selecciones es complicado para todos los equipos, pero para los que tienen que darse el tute del viaje a América lo es un poco más.

Todo es relativo. Mientras que no se le escapa a nadie que hacer un viaje tan largo para tres amistosos (independientemente del nivel de la oposición) es casi un despropósito teniendo en cuenta el calendario habido y por haber, tampoco se puede ignorar el hecho de que la invitación en sí es motivo de orgullo y es un reconocimiento externo de que el nivel está subiendo. Lo que tiene que ir de la mano de esta subida de nivel y de la exigencia es la logística y la planificación a largo plazo en los estamentos federativos. Pero bueno, estamos hablando de un contexto en el que una liga que quiere ser profesional no tenia convenio protegiendo los derechos laborales de sus empleadas hasta hace literalmente dos días. Hay que andar antes de correr.

La otra cara de la moneda es la verdad universal de que si quieres competir al máximo nivel hay que estar preparado para ello, física y mentalmente. Estados Unidos llega en pretemporada, pero hace dos semanas que le metió caña a todos los equipos de la CONCACAF en la clasificatorio para los Juegos Olímpicos. Aun jugando andando, van a mil revoluciones más que el resto. Y de eso hay que tomar nota y aprender. Querer pelear por todos los títulos importantes (oficiales o amistosos) implica saber que durante diez meses al año hay que poner el cuerpo y la mente al filo de las capacidades físicas y mentales. Es cierto que se podría haber competido en el Tournoi de France yendo en autobús a la concentración y esto hubiese sido un viaje menos doloroso. Pero al mismo tiempo, tengan un pensamiento por las jugadoras de la selección australiana que juegan en Europa (por poner un ejemplo); las Kerr, Foord, Logarzo, Gielnik, etc se han dado dos viajes de ida y vuelta hasta Australia para juegar el preolímpico, y ahora están en Vietnam para jugar la segunda vuelta del clasificatorio. Kerr y Foord jugaron en la final de la Conti Cup el día antes de hacer las maletas. Estados Unidos, de repente, ya no está tan lejos.

Al final, todo se resumirá en como nos vaya. Si jugamos bien, ganamos partidos, damos buena imagen y nadie se lesiona, habrá sido un éxito. Si la ocasión nos supera, jugamos mal o hay bajadas de forma, faltará tiempo para echarle la culpa a alguien. Es lo que tiene. Esperemos y veamos lo que depara el torneo antes de juzgarlo.

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